OBITUARIO
El viejo escritor de
novelas policiales tiene la costumbre de leer todas las mañanas el diario junto
a un café bien cargado. Revisa especialmente el obituario por si debe despedir
a un querido amigo o a estas alturas de la vida a un vil enemigo. Y se sorprende
al ver que figuran claramente sus nombres y apellidos. Y más encima se convoca a
un responso en la iglesia de su barrio. El escritor, en primer lugar, considera
que el epitafio que alude a una virtual vida eterna no lo interpreta en lo
absoluto. En segundo lugar, nunca asistió a ese templo porque el cura ha sido
acusado en reiteradas ocasiones de actos de pedofilia. Y, en tercer lugar,
encuentra que está más vivo que nunca desde que convive con una adorable pintora
mexicana. Por tanto, toma la decisión de escribir una carta de protesta al
diario para desmentir su propia muerte. Al día siguiente recibe en su buzón la
respuesta del director. Estimado señor: espero que descanse en paz.